
Hablar con Sylvia Sáenz es entender que su oficio está hecho de paciencia, observación y una sensibilidad que ha ido acumulando durante más de 15 años de carrera. Desde sus inicios en TV Azteca, pasando por sus estudios en Londres y Nueva York, hasta su llegada a producciones como Armas de Mujer o 100 días para enamorarnos, la actriz ha aprendido que cada experiencia —profesional o personal— termina regalándole herramientas a los personajes que interpreta.
Ese mismo proceso fue el que dio vida a Melissa, su incorporación a la tercera temporada de El Niñero, que estrena el 17 de diciembre en Netflix. Para Sylvia, Melissa no es “la antagonista”; es una mujer compleja, marcada por un secreto del pasado que condiciona su manera de moverse por el mundo. “Mientras no juzgues a tus personajes, mientras no los reduzcas a una etiqueta, se vuelven más humanos”, cuenta. Y eso fue justamente lo que buscó: construir matices, no caricaturas.
Aunque Sylvia ha trabajado personajes más fársicos en proyectos como 100 días o Armas de Mujer, aquí encontró un tono distinto: más contenido, más realista, más anclado a la verdad emocional. Para ella, El Niñero es un dramedy familiar que exige sutileza. Y la sutileza se convierte en su arma.
Su formación internacional también pulsa en este personaje. No porque aplique técnicas desde la teoría, sino porque las tiene tan integradas que fluye con naturalidad. “Soy obsesiva con aprender el texto”, confiesa. Esa claridad le permite llegar al set con libertad, con presencia, con la confianza que necesita para jugar y dejarse sorprender.
El universo que la rodea también ayuda: Sylvia habla con profunda admiración del trabajo de Carolina Rivera y su equipo de escritores, quienes han creado un guion que no necesita ser forzado; todo está ahí, listo para interpretarse. Del mismo modo, celebra la guía creativa de Fernando Sariñana y el equipo de La Granja, quienes hicieron su trabajo “extremadamente fácil”.
A lo largo de su carrera ha tenido encuentros con actrices y actores que la han marcado, como Kate del Castillo, pero si algo valora —y que encontró en El Niñero— es la generosidad. Esa cualidad que convierte un set en un espacio de creación compartida y no en una competencia.
El teatro, por su parte, ha sido su mejor herramienta. Después de protagonizar obras como Siete veces adiós, Sylvia tiene claro que la formación teatral le dio la base emocional y técnica para sostener a sus personajes en televisión y streaming. No es que todos los actores tengan que hacer teatro, dice, pero sí cree que es un entrenamiento que transforma la forma de habitar un personaje.
En cuanto a si prefiere roles cómicos, dramáticos o antagonistas, no duda: todos la desafían por igual. Le importan todos sus personajes sin importar el tamaño o el género. Su filosofía es sencilla pero poderosa: la vida de un personaje se escribe entre lo que planeas y lo que no puedes controlar. El equilibrio, dice, es más teoría que realidad. Ella se permite sorprender.
Sobre su llegada a Netflix, sonríe. Había tocado esa puerta desde hace tiempo y celebrar este nuevo capítulo la llena de gratitud. El Niñero representa una etapa fresca, luminosa, y para Sylvia, apenas es el comienzo de muchas historias que quiere contar.
Y aunque le cuesta juzgar su propio trabajo —es muy dura consigo misma, lo acepta con honestidad—, prefiere dejarle al público la tarea de decidir qué refleja esta nueva etapa en su crecimiento actoral.
Por ahora, lo que siente es emoción. Mucha.
La emoción de que un personaje tan humano como Melissa encuentre a su público.
La emoción de saberse en un proyecto bonito.
Y la emoción de abrir una puerta que había soñado desde hace años.



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