
Glam: @jessicadiazmakeup
Con una formación sólida que cruza la actuación, la danza y el teatro musical, María Uriarte pertenece a una nueva generación de intérpretes que entienden el arte como un lenguaje integral. Hoy, da un paso clave en su carrera con Mi rival, su primera telenovela, consolidando un camino que ya transita entre escenarios, cámara y narrativa emocional.
Para María, todo parte del cuerpo. “Es nuestra herramienta como actores”, comparte. Su formación en danza no solo le dio disciplina y rigor, sino también una vía para acceder a emociones profundas desde lo físico. Esa combinación entre estructura y libertad es, hoy, una de las bases de su trabajo actoral.
Su paso por Nueva York, donde estudió en instituciones como AMDA y Broadway Dance Center, marcó un antes y un después. Más allá del entrenamiento, fue la exposición constante al teatro lo que la transformó: ver a otros actores en escena, enfrentarse a propuestas distintas y dejarse inspirar por historias poderosas. “No hay mejor manera de crecer como actor que viendo a otros”, afirma.
El teatro, sin embargo, sigue ocupando un lugar irremplazable en su vida. Lo define como un espacio “mágico y efímero”, donde cada función es única e irrepetible. Esa falta de segundas oportunidades genera una energía viva, casi eléctrica, que la actriz busca trasladar ahora a su trabajo frente a cámara.
Y es que, aunque comparte la esencia —la verdad, la escucha, la construcción emocional—, actuar para cine o televisión implica otro lenguaje. “Es más contenido, más íntimo”, explica. Su primer acercamiento a este formato fue con el cortometraje Fallen From Grace, una experiencia que le permitió entender la precisión energética que exige la cámara, así como el reto de construir una historia de manera no lineal.
Ese aprendizaje encuentra hoy su punto de expansión en Mi rival, proyecto que describe como un momento clave en su trayectoria. “Me interesa ser una actriz que pueda moverse en distintos formatos”, dice. La producción, además, le permitió trabajar rodeada de un equipo sólido y experimentar el nivel de exigencia de una gran producción.
En la historia, interpreta a Paula, un personaje complejo que evoluciona a partir de decisiones que la enfrentan a sus propias contradicciones. “Es alguien que se equivoca, que se cuestiona y que eventualmente toma una postura fuerte”, explica. Para Uriarte, era fundamental representar a una mujer capaz de reconocer lo que le ocurre y actuar en consecuencia.
Parte esencial de este viaje emocional fue su dinámica en pantalla con Arturo Peniche, con quien construyó una relación basada en la escucha y la honestidad. “Todo se fue dando de forma orgánica”, recuerda, destacando la importancia de la confianza para lograr que los vínculos se sientan reales.
Sumergirse en un universo cargado de amor, traición y tensión emocional también implicó un reto personal: aprender a separar al personaje de su propia vida. “Le das parte de ti, pero también necesitas poner un límite”, señala, subrayando la importancia del equilibrio emocional en procesos intensos.
Trabajar bajo la producción de Carmen Armendáriz fue otro de los grandes aprendizajes del proyecto. María destaca la claridad de visión, el nivel de organización y, sobre todo, el ambiente de respeto que se vivió durante las grabaciones. “Cuando cada área está cuidada, eso se traduce en pantalla”, asegura.
Con una carrera en expansión, su mirada está puesta en lo audiovisual, sin dejar atrás el teatro, al que considera su base y su lugar de origen. Además, comienza a interesarse por la producción y la escritura, buscando también contar sus propias historias.
Hoy, frente a una creciente proyección en México y Estados Unidos, María se mantiene enfocada en lo esencial: la conexión. “El reconocimiento es una consecuencia”, dice. Para ella, el verdadero motor está en las historias que logran tocar a las personas y expandir la forma en que vemos el mundo.


Foto: @dievko
Glam: @jessicadiazmakeup



