Facu Castro: la poesía, el amor y el reencuentro con su propia sensibilidad

En Sabor a ti, el actor interpreta a Amador Irigoyen, un joven poeta que entre enredos amorosos, situaciones inesperadas y vínculos familiares descubre el valor de expresar lo que siente. Un personaje que, más allá de la ficción, también llevó a Facu a reconectar con una parte de sí mismo.

Hay personajes que llegan para contar una historia y otros que, sin proponérselo, terminan transformando algo en quien los interpreta. Para Facu Castro, Amador Irigoyen pertenece a la segunda categoría. En Sabor a ti, producción de Lucero Suárez, el actor da vida a un joven poeta, sensible y enamorado, cuya manera de entender el mundo está profundamente ligada a la literatura y las emociones.

Su llegada al proyecto fue inesperada. Con apenas diez días de preparación antes de iniciar las grabaciones, Facu tuvo que sumergirse rápidamente en la psicología de Amador. Sin embargo, durante ese proceso encontró una conexión personal que no había anticipado: él también había escrito poesía y, por distintas circunstancias, se había alejado de esa faceta.

“Amador llegó justo para reconectarme con todo eso. Volví a leer todas mis notas de los poemas que había escrito, y fue muy bonito, porque interpretarlo fue como reencontrarme con una parte de mí que tenía abandonada”, comparte.

La literatura se convirtió en una herramienta esencial para construir su universo interior. Mario Benedetti, Pablo Neruda y Rubén Darío fueron algunos de los autores a los que regresó durante la preparación, mientras que descubrió la obra de Amado Nervo. A través de ellos encontró nuevas referencias para comprender esa sensibilidad que caracteriza al personaje.

Para Facu, la poesía de Amador funciona como un refugio personal: no es alguien que comparta sus escritos con cualquiera, sino que encuentra en las palabras una manera íntima de expresar aquello que siente.

Un poeta en medio del caos

Aunque la sensibilidad es una de las características principales de Amador, su historia también está llena de situaciones cómicas, contradicciones y enredos que ponen a prueba su manera de relacionarse con los demás.

Equilibrar ambos aspectos fue uno de los retos más interesantes para el actor. Con el acompañamiento de su coach de diálogos, Jerónimo, trabajó especialmente la mirada como una forma de comunicación.

“Amador comunica mucho con los ojos: a veces no dice demasiado con palabras, pero con una mirada se entiende todo de él”.

La comedia también representó un territorio nuevo. Esta fue la primera vez que Facu se enfrentó a una producción de ficción de este género en televisión abierta, una experiencia que reconoce como desafiante, especialmente por el temor a que el humor pudiera sentirse forzado.

El trabajo con el elenco fue fundamental para encontrar el tono adecuado. Sus escenas con Armando Hernández, quien interpreta a Fidel, aportaron una dinámica particularmente divertida a la historia.

Y es que cuando se trata de Conchita, Amador parece tener dificultades para establecer límites.

“Amador no sabe poner límites con la chica que más ama en el planeta, y eso lo mete en problemitas que terminan siendo problemones”.

El triángulo amoroso entre Amador, Conchita y Fidel promete momentos de comedia, perseverancia y muchas situaciones inesperadas. Entre sus recuerdos favoritos está precisamente su primer día de grabación: una escena en la que Amador y Fidel terminan enfrentándose en un ring de boxeo para disputarse el honor de Conchita.

Un comienzo intenso que también refleja el tono divertido de la producción.

Una familia que se construye dentro y fuera del foro

Más allá de los enredos amorosos, la historia de Amador tiene un componente familiar que terminó siendo especialmente significativo para Facu.

Su relación con su padre, interpretado por Rodrigo Vidal, y con su hermana, a quien da vida Regina Palacios, fue uno de los grandes regalos que le dejó esta producción.

El actor recuerda con especial cariño la convivencia y el trabajo con ambos, destacando la complicidad que lograron construir dentro y fuera del foro.

“Logramos una familia muy bonita y muy funcional, y creo que ese fue uno de los mejores regalos de esta novela”.

La evolución de Amador también pasa por aprender a mirar más allá de su propio mundo. Al principio vive en una especie de burbuja poética, donde todo parece tener un sentido idealizado. Sin embargo, sus experiencias con Conchita y las situaciones familiares lo enfrentan a una realidad más compleja.

Para Facu, uno de los aspectos más interesantes fue observar cómo el personaje aprende que sus sentimientos son válidos, pero que también existen otras perspectivas y realidades que debe reconocer.

La comunicación familiar se convierte entonces en otro de los grandes temas de su historia. Hablar de emociones con los padres, los hermanos y las personas cercanas no siempre resulta sencillo, pero es precisamente esa conversación la que permite que los vínculos evolucionen.

El valor de expresar lo que sentimos

Si hay algo que Facu quisiera que el público descubriera de Amador, es la importancia de conectar con las propias emociones y no tener miedo de expresarlas.

El personaje llegó a su vida en un momento en el que él mismo reconoce que estaba desconectado de sus sentimientos. Por eso, interpretar a un joven poeta que vive sus emociones con tanta intensidad terminó convirtiéndose en una experiencia especialmente significativa.

“Me gustaría que la gente conecte con sus sentimientos y sus emociones. Yo venía de un momento en el que estaba muy desconectado de lo que sentía, y Amador llegó para volver a conectarme con esa parte de mí que había dejado de lado, y me sentí muy pleno”.

También destaca la importancia de dejar atrás ciertos prejuicios alrededor de la sensibilidad. Expresar cariño, hablar de lo que nos duele o demostrar afecto no debería ser motivo de vergüenza.

En ese sentido, comparte una reflexión que recuerda de una de sus maestras y que hoy adquiere un significado especial para él:

“Una buena maestra me dijo un día que la gente cursi es la gente valiente que se anima a demostrar lo que siente. Creo que deberíamos empezar a vivir con esa filosofía”.

Una filosofía que conecta directamente con la esencia de Amador: un personaje que, entre equivocaciones, enamoramientos y aprendizajes, encuentra en la vulnerabilidad una de sus mayores fortalezas.

Los personajes llegan cuando tienen que llegar

Después de seis meses de grabaciones, nuevas experiencias y aprendizajes, Facu Castro se lleva mucho más que la satisfacción de haber interpretado a Amador Irigoyen. Se queda con las personas que conoció, la complicidad de un elenco que se convirtió en familia y la oportunidad de explorar una faceta artística que hasta entonces no había desarrollado en televisión.

El actor recuerda esta experiencia como una de las más especiales de su carrera, tanto por el crecimiento profesional como por la calidad humana de quienes lo acompañaron durante el proyecto.

“Amador llegó en un momento muy justo de mi vida. Los personajes te eligen, quieras o no, así que para mí fue una gran experiencia”.

Quizá ahí está la esencia de este encuentro entre actor y personaje: en ocasiones, interpretar a alguien más también puede convertirse en una manera de volver a encontrarnos con nosotros mismos.

Y para Facu Castro, ese reencuentro tuvo forma de poesía, de comedia y de una sensibilidad que hoy vuelve a ocupar un lugar importante en su vida.

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