Guillermo Alonso: actuar para mirar de frente la realidad

En entrevista con Cherry Magazine, el actor habla sobre La Cazadora, la violencia en Ciudad Juárez, los desafíos de interpretar personajes moralmente complejos y su visión de la actuación como una herramienta para generar conciencia.

Hay historias que trascienden la pantalla porque nos obligan a mirar de frente realidades que durante demasiado tiempo han permanecido marcadas por el dolor y la impunidad. Para Guillermo, formar parte de La Cazadora significó mucho más que interpretar a un personaje: fue una oportunidad para reconectar con sus raíces, explorar una problemática profundamente ligada a su ciudad natal y contribuir a una conversación que sigue siendo necesaria.

Ambientada en una realidad que ha marcado la historia de Ciudad Juárez, La Cazadora aborda la violencia contra las mujeres y las circunstancias sociales que han rodeado los feminicidios en la región. En la película, Guillermo interpreta a Rosales, un investigador de homicidios que sigue de cerca a Luz, personaje interpretado por Adriana Paz. A través de esta historia, el actor se enfrenta a las complejidades del poder, la justicia y las decisiones que surgen en contextos atravesados por la violencia.

Una historia que conecta con sus raíces

Para Guillermo, el vínculo con La Cazadora comenzó desde la lectura del guion y desde una experiencia personal. Al crecer en Ciudad Juárez, estuvo expuesto desde niño a una realidad en la que las noticias sobre homicidios formaban parte de la vida cotidiana.

“Cuando uno crece en un entorno así, se desensibiliza (por supervivencia) y desafortunadamente dejas de ver a las víctimas como personas y se quedan siendo solo esa cifra”, comparte.

La película le permitió acercarse nuevamente a esa realidad desde una perspectiva más humana y madura. Su decisión de formar parte del proyecto estuvo motivada tanto por la necesidad de confrontar personalmente esa historia como por el deseo de generar conciencia entre los espectadores.

La experiencia también adquirió una dimensión especial con la presentación de la película en Sundance, donde Guillermo tuvo la oportunidad de verla por primera vez. Más allá de contemplar el resultado del trabajo colectivo, fue un momento profundamente emotivo para él como juarense.

Aunque reconoce que Ciudad Juárez suele asociarse internacionalmente con el narcotráfico, la inseguridad y los feminicidios, considera que la película también permite mostrar una dimensión menos visible de la ciudad: su riqueza cultural, la dignidad de su gente y la capacidad de una comunidad para salir adelante frente a la adversidad.

Rosales: el poder, el control y los límites morales

Construir a Rosales implicó comprender una visión del mundo en la que mantener el orden puede convertirse en una justificación para cruzar límites. Guillermo describe al investigador como alguien que ama a Juárez, pero cuya manera de entender el futuro de la ciudad está marcada por una lógica pragmática y fría.

Para profundizar en el personaje, el actor se reunió con un exagente que formó parte de la Fiscalía Especial para la Atención de Homicidios de Mujeres, uno de los primeros esfuerzos institucionales enfocados en investigar estos crímenes en la región.

Durante esa conversación, comprendió la enorme presión que enfrentaban quienes trabajaban en la investigación de los feminicidios: las exigencias del gobierno, la atención de los medios, el dolor de los familiares de las víctimas y las preocupaciones de empresarios estadounidenses que buscaban distanciarse de la violencia.

Entender ese entorno fue fundamental para darle profundidad a Rosales y explorar cómo la presión puede influir en decisiones drásticas.

Para Guillermo, el respeto hacia las personas afectadas por estas problemáticas es indispensable al abordar historias inspiradas en realidades dolorosas. Su compromiso con la actuación parte precisamente de la posibilidad de acercarse a esos temas desde una perspectiva íntima, sin perder de vista la dignidad que merecen.

Retomando las ideas de Uta Hagen en Respeto por la actuación, el actor considera que el arte debe contribuir a la vida espiritual de una sociedad. Desde esa perspectiva, interpretar no consiste únicamente en construir un personaje convincente, sino también en abrir espacios para la reflexión.

La importancia de cuestionar lo que normalizamos

Esa búsqueda también está presente en El Desaire, donde Guillermo interpreta a Juan, un personaje marcado por los celos y las conductas posesivas dentro de una relación.

Tanto Juan como Rosales representan personalidades que traspasan límites morales que normalmente intentamos respetar. Para el actor, explorar esas conductas desde la ficción constituye uno de los grandes privilegios de su profesión.

Durante la preparación de un proyecto, explica, el actor asume una doble función: analiza intelectualmente al personaje, pero también se entrega física y emocionalmente a experimentar sus circunstancias.

Habitar esos mundos no significa justificar las acciones de quienes los protagonizan. Por el contrario, le permite comprender sus dinámicas y llevarlas hasta sus últimas consecuencias dentro del espacio seguro de la actuación.

“Espero que al verlos, el espectador se sienta invitado a cuestionar esas conductas tan normalizadas en nuestra sociedad”, señala.

Su reflexión adquiere especial relevancia al hablar de la violencia contra las mujeres. Guillermo considera que es necesario dejar de buscar explicaciones que terminen responsabilizando a las víctimas y comenzar a examinar directamente el comportamiento de los agresores.

“Nos toca a los hombres, como principales agresores, revisar qué comportamientos encubrimos o normalizamos con nuestro silencio”, afirma.

Aprender del otro: una experiencia junto a Adriana Paz

Compartir escenas con Adriana Paz fue otra de las experiencias significativas de su trabajo en La Cazadora. Guillermo expresa una profunda admiración por la actriz mexicana, a quien considera una de las mejores intérpretes del país.

Más allá del reconocimiento profesional, destaca la manera en que Adriana construye sus relaciones dentro de una escena. Según explica, ella suele partir de una pregunta fundamental: dónde está el amor en ese momento y qué lo pone en peligro.

Esta aproximación le recordó la importancia de no concentrarse únicamente en la caracterización individual, sino de prestar atención a los vínculos que sostienen una historia.

Para Guillermo, trabajar con una actriz que se entrega por completo a esas relaciones representa una invitación constante a profundizar en su propio personaje y a responder con la misma intensidad emocional.

La colaboración se convirtió así en una oportunidad para descubrir nuevas dimensiones de Rosales y reforzar su comprensión del trabajo actoral como un ejercicio colectivo.

Dos industrias, una misma pasión

La trayectoria de Guillermo también se ha desarrollado entre México y Estados Unidos, con participaciones en producciones como Billy the Kid, 9-1-1, Found y Criminal Minds, además de sus proyectos cinematográficos mexicanos.

Esa experiencia le ha permitido identificar diferencias importantes entre ambas industrias. En producciones estadounidenses, particularmente en las de grandes estudios, reconoce la existencia de protocolos más estructurados y mecanismos de protección relacionados con los salarios, la coordinación de intimidad y los espacios destinados a la preparación actoral.

En México, en cambio, encuentra un espíritu colaborativo que considera único, una dinámica que permite una mayor cercanía entre el artista y el resto del equipo.

Lejos de plantear ambas experiencias como opuestas, Guillermo considera que trabajar en los dos mercados implica una oportunidad para aprender de cada uno y contribuir a mejorar las condiciones de trabajo.

Su intención es llevar parte de la calidez y la colaboración que encuentra en México a las producciones estadounidenses, mientras impulsa la incorporación de mayores protecciones profesionales en sus proyectos mexicanos.

La curiosidad como método de trabajo

Antes de consolidar su camino como actor, Guillermo estudió Film, Television and Theatre en la Universidad de Notre Dame y posteriormente realizó una maestría en actuación en Temple University.

Su formación académica le permitió explorar diferentes técnicas y desarrollar un método propio para aproximarse a cada personaje. Sin embargo, su historia profesional comenzó de una manera inesperada: ingresó a Notre Dame con una beca para estudiar medicina.

Aunque finalmente se inclinó por la actuación, su interés por el pensamiento científico nunca desapareció. Hoy utiliza esa misma curiosidad para investigar, observar y experimentar durante la construcción de sus personajes.

La disciplina adquirida durante su formación le ha dado una estructura para abordar cada proyecto con rigor, sin perder la libertad creativa que exige la interpretación.

Al evaluar su crecimiento profesional, Guillermo prefiere dejar en segundo plano los premios, el reconocimiento y la visibilidad. Para él, la evolución de un actor se mide mejor a través de cualidades que también enriquecen la vida cotidiana: la curiosidad, la empatía y la creatividad.

Entre sus experiencias más significativas se encuentra Billy the Kid, su primer trabajo profesional. Además de representar su primera oportunidad de viajar por trabajo y establecer vínculos con colegas que hoy considera grandes amigos, aquella producción le dejó una lección fundamental: aprender a gestionar la energía.

La emoción de un nuevo proyecto, la dinámica de un set y el cariño por el equipo pueden convertirse en distracciones si no existe la disciplina necesaria para mantenerse preparado. Entender que el trabajo actoral también implica paciencia y concentración ha sido uno de los aprendizajes más valiosos de su carrera.

Lo que viene después

Después de participar en proyectos que exploran distintas dimensiones de la condición humana, Guillermo mantiene el interés por el cine independiente, un espacio en el que considera que la voz del artista puede conservar una identidad propia y una mayor libertad creativa.

Entre sus grandes sueños está protagonizar una biopic. Le atrae especialmente la posibilidad de estudiar de cerca a una persona real, investigar su historia y descubrir cómo trasladar su esencia a una interpretación.

Por ahora, La Cazadora representa una oportunidad para compartir con el público una historia que conecta su trabajo con sus raíces y con una problemática que no debe perder relevancia.

Su deseo es que los espectadores no se queden únicamente con la historia o con su interpretación de Rosales, sino que salgan de la película con preguntas sobre la violencia, la responsabilidad colectiva y las conductas que una sociedad decide tolerar.

Porque, para Guillermo, actuar también significa eso: abrir una conversación, desafiar certezas y recordarnos que detrás de cada historia hay una realidad que merece ser mirada con empatía, dignidad y conciencia.

Desde Cherry Magazine, Guillermo nos recuerda que el arte puede ir más allá del entretenimiento cuando se atreve a confrontar aquello que como sociedad todavía necesitamos comprender y transformar.

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